Universitarios en Lucha

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Constructores y Detractores
Iluminados y oscurantistas

 

La realidad que nos toca vivir como seres individuales, diminutos y totalmente reemplazables, nos obliga al análisis global de las personalidades que nos rodean en lo cotidiano. La vida se presenta siempre bipolar: hombre-mujer, vida-muerte, construir-destruir, salud-enfermedad, entre tantos otros ejemplos que podríamos citar.

 

En este caso y amarrándonos a la experiencia directa, podemos decir que lo que más nos sorprende es la bipolaridad que surge de nuestra realidad es el caso de los “constructores y  detractores”.

 

Es inmensamente valioso los que, de lo poco que saben o pueden, mueren en el intento de la construcción. Inclusive, existen quienes mucho saben y mucho hacen pero, infelizmente, siempre aparece el otro polo, que es el de los que, sabiendo o no, destruyen, maltratan, interrumpen,  coartan, obstaculizan, corroen, impiden... qué desgracia!

 

El constructor y el detractor mucho se asemejan a los artistas con su simbiosis con la crítica. El artista crea, concibe, genera, plasma y define. El crítico, a veces, alaba, y muchas, destruye, condena, hunde, sojuzga con un sentido tan elevado de la incoherencia que el mismo que critica, sería incapaz de pintar una sola margarita.

 

Así vivimos este mundo en el que mientras algunos edifican, otros van demoliendo la hilera de ladrillos. Son los mismos que se esmeran para que dicha hilera no crezca, se oponen a la construcción y ejercen una fina albañilería de la obra muerta.

 

Todavía no hemos leído una nota de alemanes o japoneses que luego de  una guerra devastadora, se hayan opuesto a un plan de reconstrucción orgánica. Deseamos aclarar que hemos tenido contactos con representantes de ambas culturas y naciones. La historia de los que se opusieron a reconstruir naciones hoy líderes,  todavía no ha merecido ni una sola palabra de la historia oral o escrita.

 

El otro ejemplo de bipolaridad es el que se vive en ámbitos diversos de la sociedad argentina pero vecinos inseparables. Son ellos, los iluminados y los oscurantistas. En efecto, podemos visitar y recorrer la intimidad de las universidades argentinas donde los que más saben, los que todo pretenden conocer, los que conociendo hacen crecer, los que han hecho hombres de la historia actual en un mundo de dificultosa herencia, son víctimas de sus saberes.

 

¿El lucro? El lucro no pasa por sus mentes. Ellos son iluminados y expresamos esto en forma reverencial. Son los dueños del “know-how”, son los autores de los proyectos de transformación, son los médicos anónimos del campo, son los ingenieros que siembran rutas en la tierra virgen, son los maestros que enseñan el misterio del abecedario, son, los iluminados. Pobres pero ricos, exclusivos en su clase, desposeídos de la economía y millonarios de la mente.

 

El otro polo, tristemente conformado por los representantes del oscurantismo. Son ellos, quienes por poco que sepan, lo esconden, los que no comparten saberes con sus colegas, los que hacen del egoísmo del saber, la causa de su vida, los que llenan sus bolsillos explotando su amplia ignorancia o escasísimos conocimientos.

 

Los oscurantistas: los impulsores de los misterios, de las intrigas, de lo abyecto de la ignorancia, de lo abstruso de la conducta del lucro por el lucro mismo. Son ellos, los inconfundibles dueños de la ignorancia. Los que de todos los saberes universales, conforman negocios individuales y compartimientos estancos en todos los órdenes en los que se insertan. ¡Qué curioso! En la Era de la Información, todavía existe gente que oculta información.

 

Hemos conocido a todos ellos. Hemos tenido el placer de visualizarlos y dejarlos actuar de manera de que la toma de postura sea inconfundible. Nos encontrarán entre los que buscamos la riqueza del abecedario. Estaremos del lado de los que abren sus oídos a los sabios. Cuando viejos, hablaremos con prudencia y mientras seamos productivos, no esconderemos nada ni lucraremos con la angustia del saber.

 

Por el momento y sin más remedio que aceptar nuestra condición de cronista de la realidad que nos toca, la vivimos, la toleramos, nos agrupamos con quienes podemos, para finalmente, consolarnos con la esperanza de que las bipolaridades que citamos, giren, se mezclen, se confundan, se encarnen, como el hombre  y la mujer, como la alternancia de salud-enfermedad, como el pacto de la vida con la muerte, como tantos otros que se mezclan y nos obligan finalmente, a convivir con todo esto y sin posibilidad de que deje de existir cualquiera de sus integrantes.

 

Juan Mangione

 

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